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El cuidador de acequias

Foto de la historia

“Tu papá no tiene 78 años, el tiene 50”, comenta Carmen la esposa de Carlos. Va más allá de las arrugas, aclara; es por su espíritu aún aventurero, “eso y por supuesto el haber mantenido una muy buena alimentación desde pequeño”. Para Carlos, la pobreza no era un limitante para que la comida llegue a su casa, desde muy pequeño ayudaba a sus padres para generar un ingreso económico, pues no contaban con los recursos necesarios y les tocó colaborar. Eso hizo que desde sus 5 años se convirtiera en el cuidador de acequias, ¿Qué hacía? Se levantaba desde muy temprano, bajaba descalzo y se encargaba de limpiar estos canales para que el agua llegue limpia al pueblo, además sin desperdicio de tiempo, ya en el lugar cosechaba los berros que nacían de estas acequias. “Las comíamos con sal cuando teníamos suerte y sin sal pues cuando no mismo había, ustedes entenderán”.

“Cuando fui muchacho, en la Mosquera Narváez, bajábamos con mis hermanos, salíamos a las quebradas y encontrábamos los socavones que encontraban ahí los burreros que sacaban la arena”, “pese a que recordar para mi es ahora algo difícil, son tan buenos recuerdos se quedan en mi mente.” Cuenta que más allá de verlo como un trabajo, era una aventura que vivía junto a sus hermanos, “lo tomábamos como un juego, nos ganábamos tremenda paliza de nuestros padres, por no llegar a tiempo, pero igual seguíamos haciéndolo”

Un burrito tiene gran protagonismo en esta historia, recuerda que lo usaban para bajar el agua de las acequias y más tarde labrar el barro para hacer las tejas, “al animalito lo querían más que a nosotros” es que al parecer era un burro muy colaborador.

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