El último maestro forjador de la colonia

Foto de la historia

Atareado, caminando de un lado a otro, alistando el fogón, encontramos a don Hernán Jaramillo, artesano, toleño de cepa, ha dedicado más de 60 años al trabajo de la forja artística. Hoy es considerado como “el último forjador de la Colonia”.

Chapas, candados, cerraduras, llaves con diseños de la época colonial, con figuras de animales como el cóndor y naturaleza que exhibe en su taller, son apenas una pequeña muestra del meticuloso trabajo que realiza respetando la misma técnica de hace 300 o 400 años.

Conocedor del diseño, dibujo, matemática, geometría y cálculo, da forma al hierro incandescente, golpeándolo una y otra vez con un martillo contra el yunque. Los diseños y cortes exactos los ejecuta ayudado de herramientas que él mismo elaboró, como un compás de hierro que nunca le puede faltar. En un candado grande se demora hasta un mes, mientras que uno pequeño le toma una semana.

Con gran sencillez nos cuenta que ha trabajado en la restauración de conventos e iglesias a nivel nacional y que sus principales compradores siempre fueron los europeos. Trabajó en la iglesia y convento de San Francisco, que le permitió conocer el trabajo del gran herrero de la época colonial, Cantuña, personaje de la tradicional leyenda.

Apasionado por la forja desde los 18 años y gracias al trabajo realizado junto al reconocido arquitecto Hernán Crespo, fue desarrollando gran habilidad en la elaboración de sus piezas, llaman la atención, las chapas y candados con tres seguridades, “…es como una clave especial, el dueño da vueltas y vueltas con la gruesa llave, hasta que consigue abrirla”, nos explica con picardía.

Fue profesor de la Escuela Quiteña e incluso dio clases a los internos del extinto penal García Moreno, realizando varias exposiciones resultado del oficio impartido.

Entre risas nos cuenta que reparando unas cerraduras de seguridad en la casa presidencial conoció al ex presidente Rodrigo Borja, que llevaba varios minutos en silencio observando su trabajo, y para no pasar inadvertido fingió toser para llamar a atención de Hernán, que con sorpresa le pidió disculpas y saludó.

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