Fui parte de la Guerra de los Cuatro Días

Foto de la historia

Saludos a todos, soy Fausto Terán y viví la “Guerra de los cuatro días”. Eso fue por allá, en el año 1932, yo apenas tenía 5 años. Esta historia la contaban mis padres, año tras año, en las reuniones familiares, así que fue fácil guardarla en mi memoria. Memoria que está “papelito”, como dirían los jóvenes de hoy en día.

Mis padres me cuentan que al terminarse los suministros alimenticios no les quedaba de otra que salir en búsqueda de alimentos, y al hacerlo mi padre, mi madre lo llenaba de escapularios, rosarios y lo persignaba para protegerlo, con la esperanza de que sea Dios y las almas benditas las que lo cuiden y lo traigan de vuelta a casa.

Fausto, así también se llamaba mi padre, nos contaba que al regresar y llegar a salvo a su casa, ese día se encontró a un soldado muerto en la puerta de su casa (o es lo que supuso). Los nervios hicieron que entre y, asustado, se quedó esperando escondido tras el portón y escuchó cuando lo arrastraban y se lo llevaban. Salió a husmear qué estaba pasando y se encontró una cantimplora que hasta hoy guardo yo. Él la recordaba con un poco de culpa, porque aún le quedaban dudas de si el soldado pudo haber estado malherido y si le habría podido brindar ayuda, pero mi madre lo animaba, diciéndole que era un héroe, porque sabía que corría el riesgo de morir y dejar en la orfandad a nuestra familia.

Para ponerles en contexto, la guerra de los cuatro días se dio en 1932, porque el congreso no estaba de acuerdo con la elección del candidato conservador Neptalí Bonifaz, declarándolo no apto para ejercer la Presidencia de la República. Fue entonces cuando el pueblo quiteño y la Compactación Obrera Nacional se lanzaron a las calles a respaldar a Bonifaz, uniéndose al apoyo de los batallones que lo respaldaban, así enfrentaron a las fuerzas del Ejército Nacional que desde diferentes partes del país, y en cumplimiento a lo dispuesto por el Congreso, avanzaban para sofocar la rebelión y tomarse la ciudad.

Mi familia y yo vivíamos en el centro del enfrentamiento, en el Barrio San Juan. Fueron cuatro días de guerra civil. Finalmente la lucha cesó, y ambas partes firmaron un acuerdo en el cual declaraban que no había “ni vencedor ni vencido” esa es la frase históricamente recordada hasta hoy.

De a poco estas historias van quedando en libros y reportajes que ya muy pocos leen. A este viejo, que de a poco se acerca al fin, le entristece saber que los jóvenes, su vicio por la tecnología los aleja de lo real, de sus raíces. Espero que este portal les abra el paso a usar estas herramientas para seguir aportando con la cultura de nuestro bello Quito.

Narrado por Fausto Terán Egas (95 años), desde el barrio Las Casas, Quito, Ecuador.

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