Pristiños para los bomberos

Andrés Reinoso nos cuenta que con su familia siempre se reúnen para rezar la novena. Décadas atrás la convocatoria era masiva y normalmente solían reunirse entre 30 y 40 personas. Cuando sus abuelos todavía vivían lo hacían en una casa del centro de Quito en el barrio de La Loma.

Cuando Andrés tenía 7 años fueron a una novena en la casa de sus abuelos. Todo se dio normalmente hasta que salieron a prender las lluvias de estrellas. Cuando uno de sus primos las prendió y empezó a agitarlas las chispas saltaron y empezaron a encender las hojas de las palmeras que estaban en el patio. Entre chistes y luego preocupación, la familia tomó cartas en el asunto y llamaron a los bomberos e intentaron apagar el fuego con ollas y baldes.

Cuando pasó todo empezaron de nuevo los chistes y bromas. Lo que más le llamó la atención a Andrés fue lo que sucedió al final, antes de que se vayan los bomberos, la abuela de la familia salió a ofrecerles pristiños. Ante tal propuesta los bomberos no se negaron y la imagen que se le grabó a Andrés en su mente fue ver a los bomberos en medio de su familia comiendo los pristiños de su abuela, arrimados a las barandas del patio.

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